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Testimonios

Maite e Iñigo
Nunca podremos agradeceros el regalo que nos habéis hecho.

Como muchas parejas llegó un momento en que decidimos tener hijos. Por aquel entonces éramos conscientes de que teníamos un hándicap, y es que, uno de nosotros tiene un síndrome genético que supone un problema para nuestras generaciones futuras. Teníamos claro que queríamos evitar a toda costa que nuestros hijos lo padecieran, así que nos pusimos manos a la obra.

Llegamos a IVF Donostia después de un camino lleno de ilusiones y decepciones, varios intentos en los que no tuvimos éxito; supongo que de todos y cada uno de aquellos intentos aprendimos algo, y desde luego no nos dimos por vencidos. Al llegar a IVF nos encontramos un equipo humano que, más allá de tratarnos como a un número de historia más, escuchó nuestras dudas y penas, esperó a que nos recompusiéramos, nos explicó nuestras opciones con claridad y sin falsas esperanzas, nos dio pañuelos para nuestras lágrimas y nos animó a seguir adelante.

Al principio, una vez más, todo parecían obstáculos, parecíamos darnos con la cabeza en la pared una y otra vez, pero quizás por tantas decepciones anteriores tomamos una decisión. “La genética está sobrevalorada”, nos dijo alguien. Y decidimos intentarlo con un donante.

Comenzaron a abrirse puertas, alguna se cerró, pero teníamos más puertas que abrir que en ocasiones anteriores… y así, en nuestra casa se ha hecho famoso el dicho de “¡a la quinta va la vencida!”, por fin lo habíamos logrado, estábamos embarazados. Recibir la noticia del embarazo fue una mezcla de emoción, ilusión y un poquito de miedo, tras tantos intentos sin éxito, pero cuando los necesitamos, allí estuvieron los profesionales de IVF para ayudarnos.
Y hoy es el día que por fin acudimos a ellos, no para llorar, sino para celebrar y disfrutar con nuestro peque. Nunca podremos agradeceros el regalo que nos habéis hecho.